Una investigación sostiene que intercalar períodos sin trabajar extiende la vida laboral
Por Jorge Mosqueira
Para Diario La Nación
Parece que hubiera, en la vida de la mayoría de las personas, tres etapas ineludibles: estudiar, trabajar y jubilarse, transitables en este riguroso orden. Sin embargo, un grupo de investigación sobre Sociología del Envejecimiento de la Universitat Jaume I de Castellón propone una alternativa. Se trata de la posibilidad retirarse temporalmente en el momento de la vida que se crea más adecuado y no al final, percibiendo remuneración durante todo ese período. Alfredo Alfageme, profesor de la Universitat, demuestra que podría optarse, por ejemplo, por tres años de retiro cada ocho años de trabajo, lo que “vendría a equivaler a una persona que trabaja cuarenta años y cobra la jubilación durante quince años”. Esta relación no afectaría la administración de los fondos, en tanto se prolongue, claro está, la edad jubilatoria. Sería, en otras palabras, distribuir los años de jubilado en tramos intermedios. Alguien podría tomarse un año sabático o más, sin verse enfrentado a la necesidad apremiante de carecer de un ingreso regular.
Las ventajas de un sistema de este tipo son muchas. Por empezar, se permite a la persona elegir su propio esquema de vida, de acuerdo con sus necesidades. En el caso de las mujeres, hoy coincide el trabajo fuera de casa con el tiempo de mayor fertilidad, por lo que sería muy conveniente disponer de un período más prolongado que el que hoy se otorga por ley para engendrar y criar a sus hijos. Aquellos que necesiten estudiar o culminar una carrera, se encontrarían en mejores condiciones. Esto beneficiaría a los segmentos menos favorecidos, en el caso de no haber podido acceder a los sistemas de educación formal por dificultades económicas. Por otro lado, implica desechar la idea de que el envejecimiento es sinónimo de discapacidad y, la rotación temporaria facilitaría la incorporación de nuevos empleados al mercado de trabajo, lo que contribuiría a reducir el desempleo.
Finalmente, están aquellos casos en los que es necesario contar con un tiempo para pensar y tentar otras opciones vocacionales que no pueden abordarse cumpliendo un horario de ocho o diez horas diarias. Algunos planes de retiro, como el desarrollado por Union Carbide
Eveready en la Argentina hace treinta años, dio muchas sorpresas. Consistía en ofrecer a los empleados que estaban a cinco años de su jubilación el pago de una capacitación en el tema que cada uno eligiera libremente. Aparecieron ingenieros que optaron por talleres de artes plásticas, operarios con necesidad de desarrollarse mediante la fotografía artística, abogados que se volcaban a la carpintería, entre otros. Todas estas vocaciones habían quedado sumergidas durante muchos años bajo las demandas laborales y responsabilidades que se les imponía a través de la relación de dependencia.
La mayor dificultad para llevar a cabo la propuesta de la Universitat Jaume I de Castellón es cultural. Va a ser muy difícil sacarse de la cabeza que hay que trabajar de manera continuada durante cuarenta años y disfrutar de la propia vida o la deseada en los tramos finales, cuando cualquier proyecto empieza a tener un plazo acotado por motivos biológicos. Ya podrían escucharse las quejas por las complicaciones de administrar un sistema como el que se propone, habrá gritos en el cielo por la posibilidad de soportar incesantes rotaciones y reemplazos, en fin, todo aquello que alborote el suave, aunque inexistente, fluir de los procesos de la empresa.
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